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Excombatientes de Meta y Guaviare anuncian peregrinación hasta Bogotá

Juan de Jesús Monroy, asesinado.

El Partido Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común (FARC) anunció para este miércoles 21 de octubre una movilización desde Mesetas hasta Bogotá para exigir que paren los asesinatos de excombatientes.

Le llaman Peregrinación por la Paz y la Vida y anuncian la participación de delegaciones de todos los centros poblados (antiguos ETCR) y las NAR (Nuevas Áreas de Reincorporación) de los departamentos de Meta y Guaviare.

“Esta peregrinación, que parte de Mesetas y culmina en Bogotá, será una marcha pacífica en la que esperamos sumar voluntades y apoyo de todas las personas, organizaciones, entidades e instituciones que están comprometidas con la defensa de la vida de los firmantes del Acuerdo de Paz, liderazgos sociales y defensores y defensoras de derechos humanos que estamos bajo la mira criminal de los violentos”, dice el comunicado.

En Mesetas se realizarán este miércoles las honras fúnebres de los excombatientes Juan de Jesús Monroy Ayala (Albeiro) y Luis Alexánder Largo Gómez (Mandela), asesinados el pasado viernes en zona rural de Uribe.

En esta misma comunicación, la FARC dice que entre los actores que quieren someter a los excombatientes al desangre están las disidencias de la antigua guerrilla. Hablan de “el desangre al que nos quieren someter los aliados de la guerra, incluyendo actores que públicamente se reivindican como revolucionarios”.

En las redes sociales se han seguido publicando testimonios de quienes conocieron a Monroy. Uno de ellos dice lo siguiente:

“Si algo he visto en los lugares donde antiguos guerrilleros y guerrilleras se agruparon para ‘vivir la vida civil’ es que el valor de la comunidad, de lo comunitario, puede iluminar otro horizonte posible para el país. En esos lugares viven campesinos y campesinas que piensan e intentan construir formas de existencia que no se orientan por las pautas del cálculo de costo y beneficio individual, sino que ponen en el centro las relaciones humanas, los vínculos sensibles con los territorios, las posibilidades colectivas de desarrollo, el bienestar de todos y no sólo de algunos. Desde que dejó las armas, Juan de Jesús se dedicó a pensar y a gestar esas otras formas de vida posibles en el Meta, donde lo conocí y donde varias veces me habló de gallinas, de cacao, de plátano, de cooperativas y, en general, de todos los cultivos, los planes y los proyectos que quizá les permitirían una vida menos difícil a los campesinos de su territorio”.