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La miniserie de Netflix que refleja lo que pasa al sur del Meta

“El negocio de las drogas” incluye una entrevista con el comandante de la Omega.

La periodista y exanalista de la CIA Amaryllis Fox presenta en 6 capítulos “El negocio de las drogas”, una miniserie que puede verse en Netflix. En el primer episodio aparece el comandante de la Fuerza de Tarea Conjunta Omega, general Raúl Flórez, explicando que “en el narcotráfico se da el fenómeno de la hidra: cuando cortas la cabeza, mutan varias cabezas más pequeñas”.

Y agregó que “el nuevo Gobierno se plantea un objetivo de reducir en 4 años los cultivos de coca existentes hasta en un 70%”.

Otro militar aparece explicando que cuando llegan al cultivo de coca, primero entra el equipo Exde y aseguran el área para que no haya explosivos instalados. Luego entran los erradicadores, quienes de forma manual arrancan una a una cada mata de coca, desde raíz.

Fox se pregunta si no será mejor legalizar y reglamentar la venta de cocaína.

Pero Fox comenta que “he visto estas cosas en la guerra contra el terrorismo: una tonelada de dinero gastado con muy pocos resultados efectivos. Hemos gastado 10.500 millones de dólares en la guerra contra las drogas tan solo en Colombia, casi medio millón de colombianos han muerto y el año pasado llegó más cocaína que nunca a los Estados Unidos. Legalizar puede parecer algo extremo, pero mientras la demanda siga subiendo y los precios sigan astronómicamente altos porque no hay competencia legal, no puedo dejar de preguntarme si la legalización y la regulación son la única opción real, y que la prohibición es solo una ilusión que nos hace sentir bien a todos. Una ilusión que está costando millones de dólares y miles de vidas”.

Según la periodista, cerca de 82.000 familias colombianas dependen del cultivo de la coca para sobrevivir. “Incapaces de comprar tierra, cultivan ilegalmente cerca de 160.000 hectáreas en tierras baldías”.

En 2015 el Gobierno colombiano inició un ambicioso programa de sustitución de cultivos, esperando convencer a los cocaleros de remplazar sus cultivos ilegales con otros legales. “Pero los incentivos no están ni remotamente cerca para motivar a los cocaleros a cambiarse a cultivos legales”, subraya Fox.

Y entrevista a un cocalero para explicarlo: “usted siembra un colino de plátano hoy y dentro de un año está cortando un racimo por el que le pagan 5.000 pesos. Por eso nos vemos obligados a seguir cultivando coca. Estos cultivos producen cada 3 meses, a un costal le caben 5 arrobas, 10 mil pesos por arroba. Uno como trabajador tira a cogerse 6 arrobas en el día para subsistir con la familia”.

En la seria aparecen cocaleros y distribuidores de cocaína con sus rostros cubiertos.

La miniserie dice que se necesita cerca de una tonelada de hojas de coca para producir un kilo de cocaína y por esa tonelada los campesinos apenas reciben 500 dólares, un pago que no ha cambiado en 30 años.

En el negocio aplican términos económicos como monopolio (cuando una sola organización controla la venta del producto) y monopsonio (cuando hay un solo comprador que fija los precios).

Si el cocalero exige un mayor precio y se niega a venderle al monopsonio, su vida podría estar en riesgo. “A veces me da miedo, pero no tenemos otra salida”, declara el cocalero entrevistado.

“El cartel paga cerca de 900 dólares por un kilo de pasta y luego la procesa con más químicos para refinarla en lo que conocemos como cocaína, que tiene un valor 100 veces mayor al que pagó por el kilo de pasta”, precisa la investigadora.

Ella considera que no hay que encasillar a los cocaleros como los malos. “Con base en mi experiencia en la guerra contra el terrorismo, ellos son seres humanos racionales que toman decisiones económicas predecibles basadas en los incentivos que está disponibles para ellos. Decisiones que tomaríamos en la misma situación”.

Al final deja una conclusión: “noches de viernes y sábado, gente en los clubes ordenando cocaína por sus celulares o comprando una dosis a un proveedor presente. Lo que no saben o se rehúsan a aceptar es que, al final, son ellos (los consumidores) los que dan fondos a una cadena humana de sufrimiento con sus decisiones. Este es un negocio multimillonario construido sobre las espaldas de los pobres”.

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