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¿Estamos condenados a usar tapabocas?

Muchos detestan esta prenda impuesta por el virus. Los científicos explican por qué hay que usarla.

El tapabocas es la nueva prenda que nos tocó usar a los seres humanos para cubrirnos las mucosas por donde puede entrar el virus que produce la enfermedad covid-19. No es precisamente cómodo y por lo tanto es comprensible que muchos lo detesten y lo usen de mala manera, solo por cumplir el requisito.

El epidemiólogo Jairo Ospino dice que es clave el uso del tapabocas. “En una conversación normal una persona expulsa unas 10.000 gotas de saliva y moco (alrededor de 40.000 si tose o estornuda), así que quien dialoga de cerca con alguien que tenga covid-19 recibe en su cara unas 250.000 partículas virales y hasta un millón si le tosen o estornudan”.

“Los estudios comprueban que la distancia que recorre una gota de esas secreciones es de uno a dos metros y mucho más por tos o estornudo. También se ha comprobado que, si la persona que las expulsa lleva puesta una mascarilla, esa distancia será de unos 50 centímetros”.

“Si ambas personas las utilizan y están distanciados uno a dos metros, la posibilidad de transmisión del virus entre los sujetos es extraordinariamente baja. Las mascarillas absorben y retienen en su tejido las húmedas partículas de saliva de la persona que nos está hablando”.

Ospino, quien trabaja con la Cruz Roja seccional Meta y la Gobernación del Meta en el seguimiento al covid-19, agrega que “las caretas transparentes de protección facial son muy buenas, deben ser usadas siempre con tapabocas debajo. Pero no son necesarias para la población en general; sí lo son en personas que atienden público, tales como cajeros, expendedores en el comercio, personal médico”.

SOBRE LA CÁRCEL

Ospino también advierte que la tasa de letalidad del 0,3% en la cárcel de Villavicencio no es realmente baja. “Si trasladamos esa tasa al resto de la ciudad, donde hay unos 550.000 habitantes, nos da 1.650 muertos. Eso es muchísimo”.

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